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un alevoso crimen que continùa impune

Asesinato de periodistas en Uchuraccay sigue impune

Publicado: 2019-01-26

Por GERALD TORRES

ENERO 2019 / Jornal de Arequipa

Un 26 de enero de hace 36 años, ocho periodistas y su guía fueron cruelmente asesinados en Uchuraccay, remota comunidad de los andes de Ayacucho, cuando iban en busca de la verdad sobre los hechos violentos que se registraron en 1983 durante la guerra interna que desangró al país.

Una semana antes del fatídico día estuvimos con Pedro Sánchez, reportero gráfico de "El Diario de Marka" en la cuenca de Pampas, región Apurimac, junto con colegas de otros diarios.

Sánchez, mi amigo y experimentado reportero, fue una de las víctimas de Uchuraccay, crimen que sigue impune.

En la siguiente crónica relato algunas anécdotas del viaje a Apurimac, el penúltimo que hizo Pedro fuera de Huamanga antes de su trágica muerte. El artículo fue publicado ayer viernes en la revista Variedades del diario El Peruano.

El penúltimo viaje

Corría el mes de enero de 1983. Ayacucho seguía desangrándose por las acciones armadas de Sendero Luminoso y las fuerzas contrainsurgentes, en Huamanga y otros puntos de la sierra sur central del país, ancestralmente marginada por el Estado.

Los dinamitazos, las emboscadas a patrullas militares y policiales, con el saldo de muertos y heridos, las incursiones armadas en las comunidades campesinas de subversivos y soldados, con ejecuciones a culpables e inocentes, hombres, mujeres y niños, eran hechos de todos los días.

Los periodistas, enviados de los diarios de Lima y corresponsales extranjeros, nos desplazábamos entre dos fuegos. Nuestro objetivo era informar la verdad sobre los sangrientos episodios.

La prensa no tuvo restricciones que lamentar hasta el trágico episodio del 26 de enero, en Uchuraccay, remota comunidad de los andes ayacuchanos, donde fueron asesinados cruelmente 8 periodistas y su guía.

La responsabilidad del espantoso crimen continúa sin esclarecerse, 36 años después de aquel fatídico día de enero de 1983. Casi todos los informes periodísticos y libros sobre el tema no dicen la verdad y tratan de exculpar del asesinato a los militares. Inclusive el Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, trató de encubrir desde un principio a los verdaderos ejecutores y atribuyó el crimen a “los indios salvajes” de la comunidad ayacuchana.

El 16 de enero, 10 días antes de la tragedia de Uchuraccay, Pedro Sánchez, reportero gráfico, y el autor de esta crónica, enviados especiales de “El Diario de Marka”, decidimos sumarnos a otros colegas en el viaje a Pariabamba, centro poblado del distrito de Uranmarca, ubicado en la cuenca del Río Pampas, provincia de Chincheros, región Apurimac.

La misión era obtener información sobre los enfrentamientos de una patrulla militar – policial con subversivos con el saldo de varias bajas en el contingente senderista, entre ellas la camarada Carla. Meses antes, en septiembre de 1982, también cayó abatida por las fuerzas militares la dirigente subversiva Edith Lagos, una joven de 19 años de edad.

Partimos de Huamanga antes que alumbre el día a bordo de un taxi contratado para el viaje de ida y vuelta. Con nosotros viajaron Manuel Vilca (La República), Roberto Cubas (Correo) y Jorge Torres Serna (Revista Gente).

Nuestro primer destino fue Andahuaylas, a donde llegamos luego de 14 horas de viaje por una carretera de 235 Kms. sin asfaltar. La vía recorre valles, altas montañas, profundas quebradas y atraviesa ríos. Algunos trechos pasamos bajo torrenciales lluvias.

En el trayecto, en los controles militares y policiales que pasamos preguntaban insistentemente si periodistas de Marka iban en la expedición.

El Diario Marka, periódico de línea de izquierda, era el de mayor tiraje a nivel nacional en 1983. Sólo en Ayacucho vendía más de 10 mil ejemplares diario y a nivel nacional más de 100 mil.

Con Pedro Sanchez advertimos el peligro y decidimos no mostrar la credencial del periódico. Pedro se presentó con el carnet de “Quehacer”, revista para la cual colaboraba. A su vez, yo mostré el carnet del Colegio de Periodistas del Perú (CPP).

Llegamos a Andahuaylas al borde de la media noche. Nos alojamos en el hotel de Turistas, que estaba atestado de policías y efectivos de los servicios de inteligencia del Ejército.

Esa misma noche, colegas de la zona nos advirtieron de los peligros y riesgos de continuar viaje a Pariabamba. “En las comunidades de la zona están infiltrados los “sinchis”, cuerpo especializado de la Policía, que operan con atuendo de campesinos. No expongan su vida”, nos advirtieron.

Tras una rápida evaluación del panorama, se acordó por mayoría no ir a Pariabamba y retornar a Huamanga. Pedro Sánchez se molestó. Él era el más entusiasmado en seguir adelante. Dijo que necesitaba tomar fotos y mostrar al mundo su trabajo profesional.

Pedro había llegado el 15 de enero a la zona de guerra, en reemplazo de Severo Huaycochea, otro experimentado reportero de “Marka”.

Salimos de Andahuaylas de retorno la noche del 17 de enero y llegamos a Huamanga en la tarde del día siguiente.

La noche del 18 de enero la pasé sin dormir. Se percibía una aparente tranquilidad en Huamanga. No se escucharon dinamitazos ni balaceras.

A la 1 de la madrugada el portero de la Hostal “Santa Rosa”, centro de operaciones de los periodistas, tocó la puerta de mi habitación, en el segundo piso. Me dijo que dos personas me buscaban y querían hablar conmigo. “Son las mismos –puntualizó - que vinieron cuando viajaron”. Sentí temor y le desperté a Pedro Sánchez. Ambos decidimos no salir. Encargamos al portero que les diga a los desconocidos que retornaran más tarde, en horas del día.

Cinco minutos después el portero retornó con el siguiente mensaje: “insisten en hablar con ustedes. Dicen que han secuestrado a Norma Quispe, la hija del distribuidor del periódico”.

Quispe era un hombre muy humilde y hablador. Su hija norma lo ayudaba en la distribución de “Marka” a los canillitas de Huamnga, conocida como la “Ciudad de las Iglesias” por contar con 37 iglesias católicas.

La versión del secuestro nos preocupó, pero aun así ratificamos nuestra decisión en no salir al encuentro de los desconocidos. Por seguridad y porque a esa hora, la edición del periódico estaba cerrada y era imposible hacer cambios.

Horas después, a las 7 de la mañana del 19 de enero, buscamos a Quispe en su puesto de la calle Lima. Nos confirmó el secuestro de su hija y aclaró que él no había enviado a nadie a buscarnos a la Hostal.

Por primera vez presentimos que algo malo nos podía pasar. Estábamos en un escenario de guerra. Los periodistas sabíamos que al Comando Político Militar le molestaba las noticias sobre las atrocidades que perpetraban las fuerzas beligerantes en sus incursiones en las comunidades, donde mataban a culpables e inocentes.

El 20 de enero hablé con el director del periódico, José María Salcedo. Pedí mi relevo y retorné a Lima dos días después. El 24 de enero partió a Huamanga mi reemplazo Eduardo de La Pinella, a solicitud de él. 48 después fue asesinado cruelmente, junto a Pedro Sánchez, Félix Gavilán, los tres de “El Diario de Marka” y otros 5 colegas.

Uchuraccay sigue siendo una herida abierta y sangrante en el periodismo porque hasta ahora no se hace justicia a los mártires de la prensa nacional.

El poder militar y político de entonces dijeron que lo mataron los comuneros de ese alejado pueblo de las alturas de Huanta. Afirmaron que lo confundieron con terroristas, pero los alzados en armas no portaban cámaras fotográficas. Llevaban fusiles, cuchillos, machetes y dinamita.

Cuando fui a declarar a la Comisión Investigadora que presidió el escritor Mario Vargas Llosa, afirmé que a los periodistas lo mataron los que querían ocultar la verdad, es decir el Comando Político Militar, bajo el mando del general EP Clemente Noel Moral. El crimen sigue impune.


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