¡cuestión de confianza!

una figura estelar de la revolucion cubana

85 cumpleaños de Manuel Piñeiro Losada, Barba Roja

Publicado: 2018-03-05

por Pedro Martínez Pírez

Eran aproximadamente las diez de la noche del 11 de marzo de 1998 cuando nos despedimos del Embajador de México en Cuba, Claude Heller Rouassant, quien ofreció ese miércoles una recepción en la sede de su residencia en La Habana, en la barriada de Miramar, al término de su misión diplomática en nuestro país.

Yo había conocido una década antes al embajador mexicano durante las duras batallas desarrolladas en la ciudad suiza de Ginebra, en el seno de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, que fue el escenario escogido por Washington para procurar que se condenara a Cuba por la supuesta violación de tales derechos.

En esos debates brilló el diplomático cubano Raúl Roa Kourí, quien enfrentó las maniobras de Estados Unidos, que estuvo allí representado por el general Vernon Walters, aunque formalmente el Embajador yanqui era nada menos que el títere de origen cubano Armando Valladares. A las victorias cubanas frente al imperio en el seno de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra contribuyó sin dudas en esos años la valiosa e inteligente labor de los diplomáticos cubanos Carlos Lechuga y Miguel Alfonso, así como la postura de México, representada por el embajador Claude Heller, quien fue embajador en Suiza hasta 1991, y luego, de 1995 a 1998, embajador en Cuba.

La noche de la recepción de despedida de Claude Heller estuve en la embajada mexicana hasta el término de la reunión, y coincidí en el saludo final al diplomático con dos amigos: el Comandante Manuel Piñeiro y el periodista Luis Báez, quien había ido al encuentro sin transporte propio. Como el colega Luis Báez vivía en la barriada de El Vedado, cerca de mi domicilio, me ofrecí para llevarlo, pero ya el Comandante Piñeiro había acordado con él llevarlo en su auto. Y así fue.

Horas después, ya en mi casa, recibí una llamada telefónica desde Montevideo del amigo Osvaldo Burgos, corresponsal de la Agencia Prensa Latina y de Radio Habana Cuba, quien me dio la triste noticia del grave accidente automovilístico en el que perdió la vida el Comandante Piñeiro, cuando se dirigía a su domicilio luego de llevar a su casa al periodista Luis Báez.

Fue para mí un tremendo impacto la llamada del compañero Burgos, gran admirador del Comandante Piñeiro, quien desde Montevideo me proporcionaba, ya en horas de la madrugada, una noticia que yo me resistía a creer, porque había estado hacía pocas horas conversando con el hombre a quien cariñosamente llamábamos “Barba Roja”, una persona que había conocido en 1961, y con quien tuve muchos contactos a lo largo de la vida.

En mi época como diplomático en Ecuador (1960-1962) Piñeiro me pidió apoyar al periodista ecuatoriano Patricio Cueva, en esa época trabajador de Prensa Latina y esposo de Noralma Vera, integrante del Ballet Nacional de Cuba, y hermana del gran amigo Alfredo (Cachito) Vera, hijo político del pintor Oswaldo Guayasamín.

Patricio había viajado a Quito, por problemas familiares, y no tenía recursos para retornar a La Habana. Fue para mí una sorpresa que me llamara Piñeiro, quien desde muy joven se incorporó a la lucha contra la dictadura de Batista, estuvo como guerrillero en la Columna número Uno dirigida por Fidel Castro, y también en el Frente encabezado por Raúl Castro, alcanzó el grado de Comandante a finales de 1958, desempeñó un importante papel en la creación de los órganos de la inteligencia y seguridad del Estado y fue nombrado Viceministro del Interior el 6 de junio de 1961, con la misión de coordinar la cooperación con las fuerzas revolucionarias en América Latina.

Yo conocía a Carlos Cueva Tamariz, Rector de la Universidad de Cuenca, en la provincia ecuatoriana del Azuay, padre de Patricio Cueva y gran amigo de Cuba, así que no dudé en atender la petición de Piñeiro, de quien supe después cuando cumplí una segunda misión diplomática en Chile, hasta marzo de 1964.

Recuerdo haber conversado con Piñeiro durante mi etapa de periodista en la Agencia Prensa Latina (1968-1973). Nos vimos en Conakry el 3 de mayo de 1972 pues él integró la delegación que acompañó al Comandante Fidel Castro en una gira iniciada en Guinea y finalizada dos meses después en Moscú. No olvido los sabios consejos que me dio Piñeiro, cuando me vio sorprendido y conmovido ante el proceder de los militares que cuidaban el orden y la seguridad del presidente Sekou Touré.

Después, cuando el golpe fascista de Augusto Pinochet, laborando ya en Radio Habana Cuba, volví a consultar a Piñeiro si procedía que, como parte del repudio por los crímenes del tirano y como gesto de solidaridad con el pueblo chileno, yo debía devolver la medalla y demás atributos que me había conferido el gobierno de Jorge Alessandri al otorgarme la Orden al Mérito en el Grado de Comendador, al término de mi misión diplomática en el país austral, en marzo de 1964.

La distinción la había recibido de manos del Ministro Plenipotenciario de Chile en Cuba, Emilio Edwards Bello, en su residencia de La Habana, en un acto al que me acompañó el entonces viceministro de Relaciones Exteriores, Arnol Rodríguez Camps, días después de mi retorno de Santiago de Chile.

El comandante Piñeiro no dudó un solo instante en recomendarme que no devolviera la condecoración chilena. Y un poco en broma me dijo: guárdala, pues podemos necesitarla después.

Recuerdo al compañero “Barba Roja” la noche del 12 de octubre de 1979 en la recepción que en la sede de la Misión de Cuba ante la ONU, en Lexington y 38, ofreció el Comandante Fidel Castro, quien ese día habló en la Asamblea General en su condición de Presidente de Cuba y del Movimiento de Países No Alineados.

Conversaba con Piñeiro, quien me presentó a varios cancilleres latinoamericanos, cuando vinieron a verme durante el desarrollo de la recepción los compañeros de la televisión cubana Danilo Sirio y Bernardo Zayas con el propósito de que los ayudara a obtener declaraciones de Fidel. Yo había viajado como enviado de Radio Habana Cuba, y le sugerí al compañero Danilo Sirio que entrevistáramos antes que a Fidel, al Primer Ministro de Granada Maurice Bishop, y al Secretario General de la ONU, Kurt Waldheim, con lo cual se creaban las condiciones para el diálogo con el Comandante, que finalmente se produjo.

El próximo domingo 11 de marzo se cumplen veinte años de la pérdida de este valioso revolucionario que quedará por siempre en la historia de la Revolución Cubana, como una de sus figuras más carismáticas. Pero sus admiradores y amigos preferimos celebrar su 85 cumpleaños en la Casa del Alba Cultural de La Habana el miércoles 14 de marzo a las cuatro de la tarde. Y como en esa fecha se celebra el Día de la Prensa, allí podremos recordar también el libro del periodista argentino Jorge Timossi “Los Cuentos de BARBARROJA”.

La Habana, 6 de marzo de 2018


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