no está satisfecha

Diana Avila, una luchadora excepcional

DIANA DORMIDA

Carta a los amigos

Publicado: 2017-12-03


Por Eduardo González Viaña 

Durante estos dos últimos meses, mientras esperaba en el lecho, lo que habría de venir después, nos hemos estado mirando. No advertí en ella ni una sola queja, reclamo o protesta. Se ha ido al otro lado de los sueños con serenidad y bravura.

Hace dos años que apareció en mi vida. Nos acercaron una creencia en la bondad de la raza humana y una seguridad en que, por encima de los contrastes pasajeros, el sueño de todos habrá de cumplirse. Para decirlo más claro, nos juntó una vehemente fe en el socialismo y en todas las causas que hacen noble y decente la existencia de los hombres.

Antes que todo eso, por supuesto, nos pusieron en contacto una mirada y una sonrisa repentina en medio de los centenares de saludos y despedidas de un aeropuerto…

En los dos últimos meses, hablé yo más que ella. Tomándola de una mano, le hablé de todo lo que estaba ocurriendo del planeta. Le leí mis artículos antes de publicarlos y le conté los avances de mi próxima novela. Todo el tiempo, me respondió con frases breves y sonrisas tan locas como aquella que nos hizo conocernos en un aeropuerto.

José y Luciano, sus hijos, desbordaban sus pensamientos. Su hija Dianita la cuidó como si en realidad fuera ella la madre. Rosa y Doyla, las enfermeras, y María, su mano derecha en el hogar, colmaron de colores sus días finales. Solamente, Max, el soñoliento labrador, se dio cuenta de que la casa y el mundo estaban tristes.

Durante todo ese tiempo, Diana y yo no hablamos de la muerte, pero pensamos en ella y seguro que fue al mismo tiempo. Mientras esa presencia oscura pasaba, nos miramos a los ojos. Ella quería saber qué es lo que yo pensaba porque los dos, quizás los dos, teníamos dudas acerca de lo que hay o no hay detrás de detrás. Alguna noche, otra vez nos encontraremos en un aeropuerto de sueños y riendo sabremos quién de los dos tenía razón.

Esta noche, sus manos han comenzado a dejar de ser mis manos. Por ahora, se quedado dormida.

Velatorio de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción. Calle Bernardo Alcedo 320. Altura cuadra 14 Avenida Santa Cruz, Miraflores.


Escrito por

nuestrabandera

Prensa nacional de izquierda


Publicado en

Nuestra Bandera

Prensa nacional de izquierda