sigue el conteo

el futuro esta preñado de pasado y pleno de valores

PERU. ALIENTO Y ESPERANZA

Publicado: 2014-08-09

Por Gustavo Espinoza M. (*)

Acaba de salir a luz el segundo número de la revista “Reflexión”, un valioso esfuerzo desplegado por un calificado núcleo de profesores universitarios de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, liderado por un antiguo combatiente de la Izquierda, Héctor Salazar Zapatero.

La publicación inserta diversos materiales de gran interés. Pero quizá, de todos, el más sugerente sea uno que los mismos editores de la revista no lo consideraron como los demás, es decir, una colaboración programada. Y más bien lo insertaron como un mensaje destinado a tocar el sentimiento de la gente y abrir el tema respecto a retos acuciantes.

Se trata de un texto de Javier Heraud, el recordado y querido poeta peruano que pereciera a los 21 años, acribillado en las aguas del río Madre de Dios el 15 de mayo de 1963 cuando retornaba al Perú con la idea de organizar una lucha abierta por construir una sociedad mejor.

El texto, pareciera haber sido escrito ahora, por su palpitante a actualidad y por su extremada belleza. Pero, sobre todo, porque nos ayuda a reflexionar en torno a las tareas del movimiento popular en nuestro tiempo.

El joven Heraud, en efecto, nos decía:

“Nos prometieron la felicidad / y hasta ahora nada nos han dado / ¿Para qué elevar promesas si / a la hora de la lluvia sólo / tendremos al sol y al trigo muerto? / ¿Para qué cosechar y cosechar si / luego nos quitarán el maíz / el trigo, las flores y las frutas? / Para tener un poco de descanso no / queremos esperar las promesas y / los ruegos: / tendremos que llegar al mismo / nacimiento del camino, rehacer todo, / volver con pasos lentos desparramando / lluvias por los campos, / sembrando trigo con las manos / cosechando peces con nuestras / interminables bocas. / Nada queremos aprovechar, / ¡oh, alegría!. / Mejor hubiera sido naufragar / y no llegar / porque ahora todo tenemos / que hacerlo con las manos: / construir palabras como / troncos, no implorar ni / gemir sino acabar / terminar a golpes con tierra muerta”

En verdad, el poema constituye un reproche que bien podría dirigirse hacia tres blancos definidos. Por un lado, la clase dominante, que nos prometió construir un país mejor ocultando el hecho que éste sería mejor para ellos, pero peor para las grandes mayorías nacionales.

Por otro, para la Izquierda de hoy, que nos aseguró que forjaría la unidad como herramienta indiscutida de victoria, y que hoy nos muestra la penosa imagen de un nuevo y ostentoso fracaso.

Y finalmente, a nosotros mismos, que no entendimos a tiempo que la tarea no era mirar las promesas ajenas, sino aprender a construir a partir de nuestro propio esfuerzo, “palabras como troncos”, para así acabar de una vez “a golpes con la tierra muerta”.

El Perú es depositario de una hermosa herencia de lucha. En estos días, precisamente, se recuerda el segundo centenario de la rebelión de los Hermanos Angulo y Mateo Pumacahua que, en 1814, dieran un acerado grito por la Independencia.

En esa jornada -como lo recordara hace unos días el historiador Antonio Zapata- fue capturado y fusilado por las tropas realistas al mando del general Ramírez, el poeta peruano Mariano Melgar, el Javier Heraud del siglo XIX. Fue después de la batalla de Umachiri, cuando las fuerzas rebeldes mordieron el polvo de la derrota ante el Poder Virreinal

Después de eso, vendrían otras epopeyas: San Martín y Bolívar, Junín y Ayacucho. Los Libertadores y su obra legada a la posteridad. Y luego el complejo y difícil proceso nacional en el que la clase dominante -nunca dirigente- secuestró al Estado y lo tuvo, maniatado, a su servicio.

Enfrentados a ella, hubo destacados luchadores, como José Carlos Mariátegui o Cesar Vallejo, como José María Arguedas o Jorge Basadr, para citar sólo algunos que hoy constituyen emblema y leyenda.

Finalmente, la bandera de los pobres nuevamente enarbolada por las manos firmes de Velasco Alvarado y quienes lo acompañaron en la lucha de ese entonces.

Ya en nuestro siglo pareció revivir nuestro pueblo hazañas del pasado. Tomó conciencia, si duda, de la frustración larvada en su memoria ante el naufragio de una República de Opereta puesta al servicio del Imperio por una oligarquía envilecida y descompuesta. Asumió así la primera frustración ante quienes “a la hora de la lluvia”, nos dieron apenas “sol y trigo muerto”

Fue esa luz la que dio la batalla contra la dictadura Fujimorista y que cobró forma más reciente en los comicios municipales de octubre del 2010 y nacionales de junio del 2011.

En ambas contiendas afloró la voluntad de un pueblo que asomó, sin vanguardia, dispuesto a reconstruir la historia con sus propias manos.

Quienes tuvieron en sus dedos la victoria, no hicieron -sin embargo- honor a esa presea. Y los que debieron combatir “desde abajo”, forjando unidad, organización, conciencia y lucha, olvidaron su tarea y se perdieron mansamente en oscuras componendas electorales que partieron de la nada y, finalmente, llegaron a ninguna parte.

Hoy debemos -parecieran decir los colaboradores de “Reflexión”- hacerlo todo con las manos. Y comenzar otra vez desde un punto de partida imaginario, en procura de llegar a una meta definida.

Podría decirse que contamos con muy poco. No existen recursos materiales, la lucha social registra retrocesos y derrotas, los jóvenes parecen en buena medida tullidos de ideas, las “vanguardias” han caído en los más hondos abismos del descrédito, la dispersión; y el desaliento cunden por doquier.

Eso explica la desorientación y el desgobierno, la confusión y el caos, la crisis de valores, el cenit del cinismo, y la mezquindad rampante de la que hacen gala ciertas figuras de opereta, incapaces de aportar una idea constructiva, un aliento a la esperanza.

Y eso explica, por ejemplo, que la solidaridad con la heroica Palestina haya partido de los “colectivos en red”, en lugar de anidar en la conciencia de quienes dicen ser voceros de una “izquierda” que no asoma en la tarea.

En los años 70 -lo recordaba recientemente un veterano de estas luchas- la solidaridad con Chile y con Vietnam venía en las manos aguerridas y resueltas de la CGTP; y en los 80, en las enhiestas banderas de la Izquierda Unida. Hoy, la alzan los aficionados al Facebook, sensibilizados por el drama clamoroso de un pueblo escarnecido. Los otros callan, pensando que una palabra podría -quizá- contrariar sus propósitos logreros

Hay, sin embargo, semillas de recuperación de una fuerza llamada a levantar la cabeza, para mirar más lejos.

La revista “Reflexión” sugiere esa onda. A ella hay que añadir el colectivo “Independencia y Soberanía”, que diera a conocer un llamamiento en abril pasado. Y también el núcleo juvenil “Javier Heraud”, convertido hace poco en un esperanzadora “Refundación Comunista”; y los portales de Internet, como “Perú Insólito”, “Punto de vista y Propuesta”, “Jornal de Arequipa”, “Mariategui revista” y “Nuestra Bandera”. Son apenas gotas de una lluvia renovada, o granitos de arena en una playa que debiera ser gigante. Pero son.

Y pareciera estar dispuestos a llegar “al nacimiento del camino” y “rehacer todo”, en busca aliento y esperanza. (fin)

(*)Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera: http://nuestrabandera.lamula.pe


Escrito por

nuestrabandera

Prensa nacional de izquierda


Publicado en

Nuestra Bandera

Prensa nacional de izquierda