un autodidacta que vio siempre muy lejos

LA EXPERIENCIA AUTODIDACTA DE MARIATEGUI

LA EXPERIENCIA AUTODIDACTA DE MARIÁTEGUI, VISTA CON LOS PARADIGMAS DE ESTOS TIEMPOS. ponencia presentada en el Simposio Internacional "José Carlos Mariategui vive entre nosotros"

Publicado: 2014-07-10

Ponencia de Julio Yovera.

Es importante analizar la excepcional experiencia de autoeducación y autodidáctica de José Carlos Mariátegui a la luz de los avances científicos. El énfasis que se ha puesto en los últimos tiempos en los procesos educativos, coincidiendo con el acelerado desarrollo del conocimiento, ha sido el de “aprender a aprender.” (DELORS, 1996). Se entiende esto no solamente como la posibilidad de adquirir determinado conocimiento, sino como la adquisición de estrategias que ayudan a los aprendices a asumir de manera ventajosa el aprendizaje del aprendizaje.

En el movimiento obrero de los años de Mariátegui, los hombres que se sintieron motivados para hacer práctica social fueron personas desprendidas, con valores solidarios y elevados ideales; además, o sobretodo, con un sistema de ideas, si bien no todas identificadas de buenas a primeras con el marxismo, sí con el interés de transformar las estructuras de un país dominado por sectores conservadores, renuentes al cambio y al progreso.

Mariátegui sostenía que el hombre necesitaba posesionarse del conocimiento, la cultura, la ciencia, pero además, del método que le permitiera investigar e interpretar la realidad, para luego organizarse y poder transformarla, pues, entendía que esa realidad era susceptible de cambio, en tanto el ser humano mejore su subjetividad, su mundo interior. Para él el conocimiento era medio y fin. El hombre debía transformar su entorno para humanizarlo y, al mismo tiempo, transformarse a sí mismo.

Fue un autodidacta, que, en rigor, implica que una persona planifica las estrategias de su propia enseñanza en un proceso dialéctico. No hay un sujeto que enseñe si es que no hay un conjunto de sujetos que aprendan, y viceversa. El auto aprendizaje consciente, sistemático, auto programado, lleva al ser humano al autodidactismo.

A su vez, la didáctica, como categoría de la pedagogía, tiene una relación estrecha entre el objeto o la naturaleza de enseñanza o de estudio, y el método que se utiliza para facilitar ese proceso que llamamos enseñanza-aprendizaje.

El proceso autodidacta y autoaprendizaje permite al ser humano aprender no solo a niveles básicos o de conocimientos generales, sino a niveles intermedios e incluso avanzados. Esto es lo que conduce al desarrollo de habilidades y de capacidad de análisis, síntesis, crítica y creatividad, cumpliéndose de ese modo la siguiente afirmación kantiana:

“…que el hombre llega a ser hombre por medio de la educación. Es decir, la educación no sólo es, o debería ser, liberadora, sino que tal liberación también se debería entender como la posibilidad de “humanizar” al hombre. (SOBERANIS, Harold, 2013).

José Carlos no tuvo mediadores ni guías formadores. Accedió a las fuentes del conocimiento de manera directa a través de libros, revistas, periódicos, que eran por entonces casi los únicos medios de cultura; además recurrió al diálogo con intelectuales, algunos de ellos dignos del mejor aprecio y del mayor respeto, como don Manuel González Prada. También dialogó con gente sencilla que le inspiró siempre un enorme afecto, y desarrolló permanente observación y análisis de la realidad nacional y de los sucesos que ocurrían en el mundo. Eso fue valioso en su formación.

En esa línea, Mariátegui cuando le tocó ser docente en la Universidad Popular Manuel González Prada, a su retorno de Europa, educó con una alta dosis de afecto y cordialidad, de solvencia y solidez en conocimientos, de coherencia y unidad entre prédica y práctica, de una conducta ética y honesta dentro y fuera del aula. Por eso José Carlos Mariátegui destaca prístino y ocupa un lugar cimero. De sí mismo dijo con modestia:

“No tengo, por su puesto, ninguna vanidad de erudito ni bibliógrafo. Soy, por una parte un modesto autodidacta y, por otra parte, un hombre de tendencia o de partido, cualidades ambas que yo he sido el primero en reivindicar celosamente” (ORRILLO, 1989).

Bajo estos principios desarrolló su labor en Europa, a donde partió el 8 de octubre de 1919 gracias a una “beca”, que en realidad era una deportación del régimen de Augusto B. Leguía (1863-1932). En el viejo continente estudió – de manera autodidacta– el marxismo, asistió a conferencias sobre diversas disciplinas (economía, filosofía, literatura, historia), investigó la crisis de la posguerra, se entrevistó con intelectuales de reconocido prestigio, analizó la situación del movimiento comunista internacional, la revolución bolchevique, observó el ocaso y debilitamiento de las tendencias reformistas, auscultó el surgimiento del fascismo y el nazismo, así como los movimientos nacionalistas que surgían en las sociedades coloniales y semi coloniales.

También se dio tiempo para apreciar el arte clásico y moderno. Y, en ese trajinar, conoció al amor de su vida, Anna Chiappe, que habría de acompañarlo a lo largo de toda su intensa y agitada existencia.

Esta experiencia, rica por donde se le aprecie, llevó a Mariátegui a concluir que los obreros y estudiantes peruanos debían investigar y conocer los fenómenos sociales del país y del mundo, y para ello era imprescindible su formación para su incorporación en la lucha por mejorar sus condiciones de vida y la de los amplios sectores populares, pero sobre todo, para que ellos mismos sean actores de su propia historia.

Él mismo participó de ello, transfiriendo la información y el conocimiento de avanzada que había adquirido en Europa; y, ya en el país, persuadió a quienes compartían esa visión para impulsar una corriente de ideas nuevas que asentara las bases del socialismo peruano.

Fue entonces que empezó a dotar de doctrina, teoría e información a los activistas del movimiento obrero, facilitándoles los medios de análisis con la finalidad de que adquieran dominio en la aplicación del método dialéctico, y así puedan estudiar y sistematizar la realidad.

En el lenguaje de la pedagogía científica y del modelo histórico- cultural, Mariátegui no sólo teorizó y analizó sobre la realidad educativa, sino que, en enseñó y motivó para que sus alumnos “aprendieran a aprender”, y que “conocieran para transformar”. Su práctica pedagógica buscaba hacer de los trabajadores sujetos conscientes, no solo de su propio proceso de aprendizaje sino para el ejercicio de un rol activo en la sociedad.

Todos estos postulados los hizo práctica genial en la Universidad Popular Manuel González Prada. Y lo que hay que agregar, en este resumen, es que su acción educativa, tuve objetivos explícitos. No buscó el conocimiento por el conocimiento mismo, sino el saber en función de organizar una vanguardia obrera e intelectual, que le permita: ganar hegemonía entre los trabajadores, a fin de construir un núcleo con la cual siente las bases para la formación de una Central Obrera de Clase, que la cumple, cuando funda la CGTP; y la fundación de un Partido de la clase obrera, que se llamó Partido Socialista del Perú. Es decir, Mariátegui fue un maestro que cumplía una elevada misión en función de un proyecto histórico.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS.

DELORS, Jacques La Educación encierra un tesoro. Informe de la UNESCO sobre la educación para el siglo XXI, Santillana, 1996. Madrid.

SOBERANIS, Harold, 2013, versión digital.

ORILLO, Winston. Martí/Mariátegui. Literatura, Inteligencia y Revolución en América Latina, Editorial Causachun, 1989, Lima.


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Nuestra Bandera

Prensa nacional de izquierda